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9/2/11

Teindas, pañales y cuatro por cuatro.....




TIENDAS, PAÑALES Y CUATRO POR CUATRO AÑOS 50…
Los cambios maravillosos del mundo de los bebés han traído pañales descartables, cochecitos que parecen naves,  mamaderas térmicas, procesadoras de alimentos y mucha  de ayuda a las mamás. Pero permítannos acariciar un poco el alma de las  abuelas, bisabuelas  y no tanto….
Aquéllas que con sacrificio lidiaban con los pañales de tela.
De adentro hacia fuera el bebé llevaba: ombliguero,  después el pañal de “bombasí” el mas grueso (imposible de secar),  el chiripá  (especie de triángulo que amarraba el resto) la bendita “Bombacha de goma”  de látex  delgado que siempre se rompía por las noches, cuando no había  repuesto, y las fajas (interminables,  que arrollaban al niñito como un matambre).
Toda esta batería se compraba en las tiendas. Había tres grandes en Cañuelas, Casa Mendigochea,   Casa Garzón  y La Marina.
Esta última era dedicada a la blanquería, telas, prendas en general, su repartidor era el queridísimos Antonio Barboni.
En Casa Mendigochea funcionaba (con grandes vidrieras donde se mostraban los artículos de  moda y variaban casi todas las semanas) además un sector de  venta de bazar sobre la calle Rivadavia y almacén. 
Se entraba por  una puerta vaivén de dos hojas. El piso era madera y el sector de prendas de hombres,  de mosaico. El gran espacio estaba sumamente ordenado por sectores, y cada vendedor atendía uno en particular. Caballeros, damas, botonería, telas,  ropa interior. La cristalería, enseres de cocina  y fuentes estaban en una vitrina de gran porte. En el centro, ente el almacén y la tienda un gran escritorio alto, de madera  desde donde cobraban, anotaban en “la libreta” o en las fichas los Señores Chiquin Mazzoleni, Sra.  Cuatrocchio y Sr. Landa.
La libreta o fichas o “pago a cuenta de cosecha” eran las compras que se anotaban con absoluta confianza  entre ambas partes (sin documentos, solo la palabra que en ese entonces valía mucho) y se cancelaban cuando el cliente pedía: cierre las cuentas y cumplido el pago se escribía en la libreta: cuenta saldada.
Entre los vendedores más antiguos podemos nombrar Federico Martínez,  y  Elsa Martínez. Después, Elso Contreras, Miguel Vilas y tantos otros.
Repartidores de almacén: con jardinera  y caballo: Negro Martínez. En bicicleta después, para la tienda: Jorge Frola.
Otras tiendas cañuelenses: Casa Galli (donde esta la Cámara Comercial) “lo de Carrozi” en la calle Libertad casi Vélez Sarsfield, Los Inglesitos, Condal Sport, Veiga y Masciotra, Gonzalito  en la calle Acuña.
En Avenida Libertad entre  San Martín y Belgrano había un local destinado a la venta de ropa  blanca, guardapolvos, telas de todo tipo, lencería y mercería,  ropa de hombre, trajes, camisas. Lo atendía  Don Garzón,  un hombre alto, delgado, amable,  siempre muy serio, y su hijo Tito.
Don Garzón ere oriundo de la ciudad de Azul, donde su familia tenía una tienda de nombre La Liquidadora.
También solía estar la mamá, siempre dispuesta a ayudar a las nuevas empleadas  con su  sugerencia y su consejo, fruto de años de experiencia. Pasaron por su local, como  empleados Pepe González, Mita Noriega, Juanita, Néstor Gabrielo,  entre  otros.
Por  allá en los  60 cuando comenzó el furor de las telas plásticas, Tito ofrecía  un  amplísimo  surtido de las tela tipo ¨Plavinil¨ esos  mágicos manteles de colores a los que se los repasaba con sólo una esponja.  (No plancha, no jabón)
El furor generó  almohadones, cortinas, delantales... Con el tiempo, el  sector de ropa blanca  quedó   en el lugar y  se amplió  en la esquina  todo un emprendimiento de venta de ropa deportiva y zapatillas. Todo lo que hacía falta...  estaba  en “lo  de Garzón”
Otra tienda era la de los hermanos González, que vendían ropa de campo, botones, medias y todos los elementos del rubro. Una particularidad en la que fueron unos adelantados a su época era que exponían la ropa interior en la vereda pinchada con alfileres o chinches a dos grandes aglomerados forrados en papel. El negocio al que se entraba por una puerta vaivén tenía mostradores largos de madera pitados de color bordó. Los dueños llevaban siempre colgados del cuello, sendos centímetros de de tela.
El cochecito 4 x 4 fue comprado en Casa Zomba, en Cañuelas. Los laterales de chapa y con ruedas con rayos como las bicicletas.
Maria Emilia Floriani
Anita Pfannkuche

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