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9/2/11

Bares, copas y barajas

Bares, copas y barajas.


El vino tiene un orden. Él conduce
los infinitos duendes de la vida:
con carnes, tinto, con mariscos, blanco.
Es el otro sabor de las comidas.
Y cuando llueve el corazón y el año
y arde la leña trémula del día,
el vino, compañero y solidario
moja el sollozo y la melancolía.
  1. Tejada Gomez (fragmento)



Lugares de encuentro de hombres solos, a los que llegaban en busca de un amigo, una  tertulia con  juego de cartas mediante, una adicción a  la copa o, simplemente para tomar coraje  en un vaso de vidrio o beberse un olvido.
Lo que se consumía era mayoritariamente vino, bebidas blancas y poca o nada cerveza. En general, también funcionaba como  almacén  y muchos de ellos de ramos generales.
Un mostrador amplio, a veces unas mesas de madera y parroquianos que no molestaban jamás  al cliente que venía de compras: el dueño podría quitarle la venia para volver.
En el Indio Rubio se jugaba y se bebía  vermouth con ingredientes por… unas latas de duraznos o  una vuelta (como se solía decir)
Eran campeonatos tan aguerridos que a veces terminaban encolerizados unos y risueños los otros con el ancho de espadas en la frente.
Roberto, MIngo y  Horacio Pelorosso, Alejandro, Garrahagan, Medrano, Tito Blotta, entre tantos disfrutaban de campeonatos los sábados de once a una.
Las copas eran vasos de vidrio grueso, pequeños, copitas para la ginebra,  y algunas veces, vasos más finos y anchos para el whiski con hielo. También almacén de ramos generales, con los clásicos paquetes envueltos a mano de azúcar molida, yerba y fiedeos, azúcar en terrón. Quesos de todas clases. Aperos, vajilla, alpargatas,… lo que se necesitara, ahí estaba.
“El  35” del señor Yebra y señora, ubicado en Libertad y Alem con  un gran  mostrador de madera, atornillado al piso de pinotea. Era almacén y despacho de bebidas al que concurrían los parroquianos habituales y otros de paso, para esperar la hora de salida del tren (en esa época, con máquina a vapor y vagones de madera.
El bar de Don Yapur,  en Rivadavia y Acuña,  con una reliquia para los coleccionistas, un chapón que estaba amurado  sobre la pared de la calle Rivadavia de Agua Cunnington (una pequeña botella con etiqueta roja y blanca).
El “bar de Pincha Papa” En Alem y Lara. O el de Farías, La Amarilla, en la entrada de Libertad, y el de  Rivas, en Brandsen  y  9 de julio. El de Horacio Banegas, por Azcuénaga   casi San Martín.
El de Ponce de León, al  lado de la Clínica, en la calle San Martín.
El de Juancho Medina en Hipólito y Libertad. Aquí había  un palenque y un aro, donde ataban sus caballos aquéllos que llegaban a tomar una copa y jugar a las barajas: un truco, un mus, un cinchón o al billar.También se hacían largas jornadas con comilonas con asados, guisos o tallarinadas. También concurrían las  damas  jugar al ta te ti.
¿Si alguien se pasaba con las copas? Tal vez algunas veces, y en su defensa podemos citar esta frase del filósosfo  Marsilio Ficino:
El enamorado, el poeta y el borracho están fuera de razón, se encuentran en un estado de enajenación mental que los aparta del mundo humano y los acerca a los dioses.


El vino
mueve la primavera,
crece como una planta la alegría,
caen muros,
peñascos,
se cierran los abismos,
nace el canto.
Pablo Neruda (fragmento)




María Emilia Floriani
Anita Pfannkuche

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