Ser bombero…
Cada uno sabrá, en lo profundo de su corazón, cuánta adrenalina, cuánto miedo y cuánto coraje necesitó para enfrentar un siniestro….
Los jóvenes bomberos debieron vencer la ansiedad, recordar la capacitación recibida para no poner en riesgo la vida ajena y la propia. Mientras tanto se encontraron de frente con la sorpresa, con el fuego, con los accidentados, con los heridos, con el dolor… con lo peor.
Debe ser muy difícil ser bombero. El bombero antiguo, el de años con experiencia, lo sabe muy bien. Más años tiene en el cuartel, más responsabilidades se suman a sus espaldas.
De dónde proviene la fuerza interior que mueve a una persona, que la empuja a través de la peor adversidad, a olvidarse de sí mismo y brindarse sin reservas a otro ser humano que necesita ayuda; es un verdadero misterio.
Hay personas que ante la misma circunstancia se paralizan, lloran, se entregan, se anulan.
El bombero crece, colabora, no le importa el color de la víctima, ni su religión ni su idea política. Para él, el accidentado es un ser humano en riesgo y el bombero se brinda, se esfuerza, sin retaceos, para sacarlo del peligro.
Así como el enfermo espera con desesperación que llegue el médico, una persona accidentada ruega porque lleguen pronto los bomberos a controlar, a ayudar, a salvar.
La familia…
La familia del bombero comparte cada momento de su vida de manera parecida. Está ahí cuando el esposo, el hijo, el hermano salen de la casa en medio de la noche o del día, con sol o con lluvia, como sea, ante la sirena o la llamada del handy, partiendo rumbo a lo desconocido.
El niño que está en la escuela y oye la sirena, piensa en su papá que está en el camión y un pedacito de su corazón se va con él.
La sirena…
Hay personas a las que les molesta la sirena por lo fuerte que suena, porque “lo sobresalta” de su siesta o descanso, porque las deprime.
Esa sirena que debería movilizar nuestro espíritu para pedirle a Dios que acompañe a esos hombres dándoles fuerza y protección en lo que emprenden.
Esa sirena que debería ser un disparador de oraciones para quienes están sufriendo y esperando, y por quienes ponen sus manos, su voluntad y su coraje para socorrerlos.
Esa sirena ¡Bendita sirena! que nos permite al menos en nuestros pensamientos ser solidarios con nuestros queridos bomberos en los momentos difíciles.
Anita Pfannkuche
María Emilia Floriani




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