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9/2/11

Tiempo de relojeros





A veces, pensar en el tiempo es igual que pensar en un río. El agua corre en una misma dirección y jamás regresa por nadie.
La gente nace, vive, crece como si “algo” la empujara constantemente en su movimiento. Los hechos se suceden y el presente es sólo el instante en que el futuro se convierte en pasado.
Para medir ese “algo” se inventaron los relojes.
Relojes de arena, de agua (clepsidra, inventada 3000 años antes de Cristo) de sol, pilares egipcios, péndulos, relojes medievales de pesas construidos en torres y campanarios, y tantos otros inventos hasta llegar a los primeros relojes pulsera con cuerda automática en 1924 y recién apareció el primer reloj sumergible, denominado el «submariner», que fue desarrollado por la firma Rolex, en 1953.
Estas son historias para contarles a los niños, que conocen la hora primero por la forma digital y después por el movimiento de las manecillas o agujas.
Pero esos relojes “con el transcurso del tiempo” también se descomponían. Y allí comenzaba la tarea artesanal de los relojeros.
Uno de esos artesanos era el Sr. Román Merino, joyero y relojero. Tenía su taller en Libertad 432, donde actualmente está “Sejas”, al lado de la familia Della Corte. Su familia recuerda que subía a darle cuerda al reloj del campanario.
Los relojes tuvieron distintas finalidades: de adorno, joya, obra artesanal, elemento que exigían las costumbres (reloj de cadena), de trabajo, de orfebrería, de valioso regalo.
El señor Carlos Francavilla era joyero y relojero. También arreglaba el reloj de la iglesia, con una escalera enorme. Contestando un cuestionario sobre el mecanismo y las piezas de relojes, fue premiado por una empresa de Suiza desde donde le hicieron llegar un presente realizado en acrílico con forma octogonal y con piezas de reloj incrustado. Un recuerdo del que estaba sumamente orgulloso. Su taller y comercio estaba ubicado en la calle Libertad.
El Sr. Pedro Teileche tenía su taller en la calle Belgrano 551. Vecino y conocido del Sr. Rolandelli, del Sr. Mastay, desarrolló su oficio primero solo y luego con la ayuda de su hermano, el Sr. Alberto Teileche.
El Sr. Manuel Mellado, trabajando en Mercedes Benz, realizó un curso a distancia de relojería y comenzó desarrollando el taller en la calle Rivadavia (en su casa) el delicado oficio de relojero. Primero arreglando los relojes a sus compañeros de fábrica y luego, por su cuenta, instalando el negocio (que le compraron a la familia Rassmusen) en la calle Del Carmen, donde hizo de su oficio su modo de vida.
En ese tiempo, los relojes eran diminutas máquinas a las que había que observar con un lente que aumentaba su tamaño y se trabajaba con diferentes instrumentos sumamente precisos. El negocio de Don Mellado (joyería y relojería Selecta) prosperó y necesitó de la ayuda de otros relojeros ya que la cantidad de máquinas a reparar era muy grande. De a poco, el cambio en la constitución de los mismos se fue transformando. En 1969 los primeros relojes de cuarzo fueron puestos en el mercado por la firma Seiko. En el año 1988 esta empresa reemplaza el cuarzo por una pila pequeña. Llegó la digitalización, reemplazando mecanismos por placas y se fue desplazando también el oficio.
Si no fuera por los relojes, el tiempo sería algo medido en la mente, un concepto humano, lo que percibimos, creemos y sentimos que sucede en nuestra vida.
Anita Pfannkuche y María Emilia Floriani

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