Din don din, din don dan….
Tiempo de Navidad. Tiempo de ser solidarios y comprensivos, tiempo de humanizarnos, perdonar las ofensas y arrancar de nuestro corazón los odios y broncas. Hay personas que dicen que estas fiestas solo les traen tristes recuerdos de las personas que ya no están. Hay quienes disfrutan la Navidad como una gran fiesta, con abundancia de amigos, de familiares, de rituales como cocinar pavo, regalar prendas íntimas rosas, comer frutas secas, regalándose objetos.
Lo verdaderamente importante para los cristianos es el nacimiento de Jesús y su mensaje de paz, de amor, de comprensión entre los hombres.
Aún para los no creyentes, la Navidad representa un momento de detenerse, de reflexionar, de parar un poco la máquina y ver el mundo con espíritu armonioso, disculpando errores y equivocaciones de otros, sobre todo reconociendo que también uno los tiene.
En nuestro Cañuelas, desde siempre se unió la gente para compartir la Navidad.
Se realizaban concursos de villancicos. Estaba el Padre Ricci. Las catequistas reunían sus niños, ensayaban canciones que luego cantaban por las calles. Uno de esos grupos se reunía en la casa de la familia Tejedor.
Recordamos un grupo donde la Sra. Pelusa Martínez tocaba el piano (en ese entonces adolescente) y cantaban Edelma, Alicia Césaro, Mercedes Monteiro, Normita y Graciela, entre otras. Las nipas vestían pollera larga y pañuelitos.
En esa época los pesebres se llevaban a la parroquia a bendecir, y si eran muy grandes, pasaba el Padre cura a bendecirlos por la casa.
Uno de los pesebres que recordamos es el que ganó el primer premio en la Escuela N º 1 cuando su autor, Jorge Samaratti de once años lo talló en diminutas piezas color rosa, con una belleza y prolijidad increíbles…. en jabón de tocador.
El de Julita Godoy, en la calle 9 de Julio y Rivadavia, donde hoy está Casa de pastas La Nona , un enorme y hermoso pesebre fabricado íntegramente con papel madera, con el que se envolvía la yerba (de adentro negro para proteger de la humedad) Ocupaba buena parte de la sala y se podía ver desde la ventana.
En la plaza se decoraba el pino grande con cucharitas de madera (de helado) forradas con papeles de caramelo o alfajor (brillante) y se hacían guirnaldas de luces con lamparitas blancas pintadas de colores.
A partir del año 1985 el municipio implementó el arbolito sobre el techo de la intendencia, con luces de colores y su estrella.
También la empresa Molino Cañuelas, en su momento armó un arbolito y una gran estrella de luces en su frente.
Un pesebre destacado y renovado todos los años era el creado por Julio Caeiro en la vidriera de Casa Caeiro, en la calle Libertad.
El pesebre de Casa Carrozzi ocupaba toda la vidriera, y tenía una particularidad, no hacían el paisaje con montañas, ni fondo. Sólo era el pesebre interior y una gran estrella. Las piezas eran hermosas y muy grandes.
Una vez el Jardín La Sagrada Familia realizó un rosario viviente que se inició en la estación y recorrió toda la calle Libertad con niños vestidos con túnicas blancas y amarillas, con una antorcha en las manos con una vela encendida.
Recién para los primeros días de enero el Cardenal Samoré logró la conciliación y la paz volvió a los corazones.
Cuando las misas se oficiaban en el salón parroquial de la calle Lara, nació el coro de ángeles. Muchos niños pequeños vestidos de angelito cantaban el Aleluya.
Allí creció la idea del Pesebre viviente. Este se realizó durante muchos años. Con un gran entusiasmo se ensayaba con los niñitos pequeños de hasta 5 años como angelitos, otros mas grandecitos como pastores y María, José y el niñito Jesús.
Creo, sin equivocarme, que uno de los primeros bebés fue Cecilia Martínez.
Julián, Federico y José, Mariano y María Victoria, Verónica, Alejandro y Fernando, Ariel, Martín, Florencia,
Las madres de los elegidos (todos los años cambiaban ya que se elegía entre los bebés nacidos en diciembre) estaban orgullosas y felices, pero también atemorizadas por dejar alguien tan chiquito en manos de otra niña pequeña.
Y así, con la música y la letra grabadas y emitidas por parlantes, partía la extraña caravana cruzando los campos hasta Udaondo, llevando un entusiasta grupo de niños y padres detrás del pesebre armado sobre el camión rojo de Caeiro.
Durante mucho tiempo, la inocencia y la pureza de los niños llevaban “la Buena Nueva ” a los corazones de los barrios Los Aromos., la Escuela 15, Máximo Paz, Casares, Barrio Obrero, y tantos otros lugares.
Anita Pfannkuche
María Emilia Floriani

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