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19/10/12

Don Pepe, el zapatero


Don Pepe,   el zapatero
Cuando llegó a Cañuelas, hace unos treinta años ya parecía  muy  viejo.  Sin embargo, aún la artrosis  no lo había atrapado del todo.
Compró la casita  destartalada, de una sola habitación (antes parte de  una construcción mayor) de  muros de 45  cm.  que se logran encimando  los ladrillos en forma apaisada, con los extremos más angostos hacia adentro y afuera,
¡Don Pepe! Esgrimía su escritura feliz de que “El PAMI” se la había vendido, aunque  se llevara parte de su magra  jubilación.
Tal vez  por esa oferta fue que llegó a nuestro barrio.  Y por eso, también  se hizo zapatero, para sobrevivir. Venía de Lanús, arrastrando  un pasado con una hija y un hijo que no lo querían, y tampoco él los quería. Había sido parte de una orquesta, cantaba  bastante bien, pero estaba sordo y gritaba todo el día.
Durante mucho tiempo había sido “motor man” o chofer de tranvía.
Un poco para evitar la soledad, creo, y otro poco para hacer el sustento más digno instaló su taller abriendo los portones  de bisagras artríticas  y quejosas montando un mostrador-mesa de trabajo casi en la vereda. Allí también estaba el canario, el martillo,  un yunque,  algunos clavos, las tintas  y un tarro de pegamento.
Escrito  sobre la chapón azul,  promocionaba  los arreglos: media suela, taco, tapitas.  “Taller moderno de calzado” rezaba la tiza, con que comunicaba sus trabajos.
Cosía alguna que otra zapatilla, todo a mano, con muy pocas herramientas y mucha charla que comenzaba con un: ¿Sabe qué…..?
Cuando el frío arreciaba, el viejo Don Pepe se calentaba por dentro con vino Crosta que le traía el vinero. Y  cuando hacía calor…. se refrescaba  con el  tinto,  también.
Publicaba avisos en el diario: “busco señora para  compañía.”
Parecía centenario por sus  manos de nudos ennegrecidos por la tinta lustre. Sin embargo, sus cejas pobladas, sus dientes intactos deberían habernos dado pistas de su edad y de por qué aun le gustaban las mujeres.
Con los avisos,  desfilaban las damas  a buscar trabajo. Y menudo  chasco se llevaban.  El pícaro zapatero ofrecía un mínimo almuerzo, unos mates y muchas gracias por limpiar sus miserias.
Sólo Marta….
Tuvo dos o tres amigas que lo visitaban, una de ellas murió pronto y la otra iba y venía  porque se peleaban mucho.
Cuando la artrosis desintegró sus huesos mal nutridos y mal tratados, le echó las culpas al agua y no se baño más, no permitió que lavaran el piso, ni que regaran el piso.
Igual trabajaba sobre el zapato ajeno. Enjuto, oloroso y gritón, un verano cortó las punteras de su calzado dejando asomar las falanges huesudas,  largas y  con terminaciones “agarfiadas”. Ventilación, decía para omitir que  las largas uñas lo  molestaban.
En invierno, un gorro  fabricado con una manga de pulóver, cubría la maraña gris de su cabeza.
Sólo Marta….
Todas las mañanas el tac,  toc de su martillo, ya sin el canario, (que olvidó afuera y fue cena de hambrientos gatos) y sus “¿sabe qué…? cada vez más renegado, más  enojado con la autoridad: policía,  políticos, curas, todo caía en sus gritos.
Cuando murió “el negro”, un perro peludo, pulguiento  y sucio que vivía acostado en la vereda se deprimió bastante.  Todos pensábamos que  no tenía sentimientos. Esa pena nos conmovió.
Sólo Marta…
Sí, sólo ella podía tener un poco de paz con él. Le hacía los mandados, le cocinaba, le lavaba sus harapos. A veces pedía ropa usada  para  tirarle los trapos  y jergones.
Cuando se cayó, llamamos una ambulancia. Nos  echó a todos. Médicos, vecinos,  curiosos. Allí nos enteramos que apenas rondadaba los ochenta. Después de ese episodio el martillo se silenció. Volvió a caminar, acompañado de un zapín o escardillo (palita de jardinero con dos picos en un extremo) con el que levantaba todo  lo que se le caía al suelo. Sino le acercaban sus libaciones gritaba y golpeaba con ese instrumento el piso, el viejo ropero y hasta a Marta.
Cuando se ponía peor, ella llamaba a los médicos y él los espantaba. Seguía en su catre fundiendo piel y trapos con la mugre. Un día, por la fuerza lo internaron en el nosocomio.
Una mañana, como a los quince días Marta dijo: No más Pepe.
No más Pepe, el zapatero, insistió. Murió en el hospital.
Se llevó a los gritos sus historias. Su sordera de tranvía, su martillo insistente. Nos dejó el recuerdo de un pasajero de la vida, que a pesar de sus enojos, fue querido  en el barrio como un solitario por elección  y un cañuelense por adopción.

Anita Pfannkuche

Don José Peredo

 




UN POCO DE HISTORIA

En el principio, los primeros conjuntos fueron tríos de flauta, violín y guitarra, y recién a finales del siglo XIX se incorporó el bandoneón.
El primer conjunto del que se tiene registro data de 1870 y estaba compuesto por Sinforoso en el clarinete y Casimiro Alcorta en el violín. Si bien hacia el 1900 empezaron a surgir los cuartetos y los quintetos, los dúos no desaparecieron y, con el tiempo, se reagruparon formando las orquestas típicas.
Estas agrupaciones  (Orquesta típica) causaron verdadero furor en los pueblos. Para distinguirla de las formaciones que, además de tango, también interpretaban pasodobles, tarantelas, mazurcas, polcas y valses, Greco decidió bautizar a su conjunto "Orquesta Típica Criolla". Con este nombre, Greco identificaba la música nativa y hasta el día de hoy se utiliza la denominación de orquesta típica para aquellos conjuntos que sólo interpretan tangos.
Luego de la crisis del 30, que arrastró también al tango, el éxito de la orquesta de Juan D'Arienzo comenzó a devolverle su lugar a finales de la década.
"Ríanse, pero gracias a él comemos" comentaba Troilo cuando se burlaban del estilo rítmico y apresurado de D'Arienzo.

EL ARTE,  LA DEDICACIÓN,    Y LO DIFICIL QUE ES VIVIR DE LA MUSICA

Difícil, cuando no imposible. Los artistas, esas personas tocadas con la varita mágica de la creatividad, llenas de espíritu  sensible, que aman con ardor su vocación y crean, liberando su genio para placer y disfrute del resto de sus congéneres. Los artistas y su lucha para poder  vivir de lo que hacen.
En el caso específico de los músicos, las horas de  ensayo, de corrección de  partituras, de  arreglo y afinación de instrumentos,  son todas horas maravillosas de crear, pero por las que no se recauda  ni un peso.

DON ALBERTO JOSÉ PEREDO

Corría la década del treinta  y Don Alberto ya tocaba  música clásica  en su guitarra. Su papá (Primer alcalde de Cañuelas) era guitarrista además de teniente primero del ejército y enseñó a uno de sus hijos mayores,  Pedro Eduardo,  los secretos de las notas  que hacen vibrar las  cuerdas. Este hombre, (padre de nuestro querido vecino don Pedro Peredo)  en ese entonces  alrededor de de los veinte años le enseñó a su vez  música a su hermano menor, Alberto. Don Pedro había fallecido en el año mil novecientos trece,  cumpliendo sus funciones de alcalde.

DON ALBERTO Y LA PRIMERA ORQUESTA DE TANGO

La primera orquesta  de tango tuvo por nombre  la Boheme”. Era director y pianista, ya que su pasión hizo que  aprendiera  piano y bandoneón. 
Algunos de sus compañeros eran: Tonello (violín), Carricaburo (bandoneón), Landaburu, que trabajaba en la Bieckert y vivía en Lavallol, Don Pico (bandoneón) y Don Barreto (contrabajo).
Esta orquesta trabajó hasta el año  cincuenta, recorriendo los pueblos animando  casamientos, bailes y por supuesto, carnavales. En estas épocas, pasaban largos días fuera de su casa.
La llegada de la orquesta era una  fiesta. Queridos y respetados se los solía invitar a muchos eventos y  a casas de familia.
En una de esas recorridas conoció a quien fuera su compañera y madre de sus hijos: María Esther y Jorge. Era oriunda de Norberto de la Riestra y se llamaba María  Palmira Zazzarini.

PEÑA  PAMPA Y CIELO

Fundó en su casa la  peña folklórica Pampa y Cielo, donde se reunían entre otros la familia Perazzo, Godoy, Aguirre, Pedrito Procopio, Caputo, Campitos.

LA TÍPICA

Para los años cincuenta se formó la Orquesta típica ASTRAL, donde Don Alberto  tocaba el piano y dejó en manos del Sr. Luis Gaggioli la dirección de la misma.
Este caballero, de profesión peluquero era un gran violinista.
Participaban entre otros el Sr. Tonello, el Sr. Donato (bandoneón), El Sr. Toto Pagnone (bandoneón), Don Barreto y Don Segundo Godoy de bajista.
Los cantores eran entre otros, el Sr. Lucho Coria y el Sr. Carlitos Trejo.

EL FLOLKLORE

Formó con otro grupo de amigos, Alfredo, Francisco y Osvaldo Barcia en guitarra,  su  hijo Jorge  en bombo un conjunto folklórico. Actuaron en el Teatro Lasalle  y en canal siete.

LA ACADEMIA

En la casa funcionaba desde siempre  una academia de música, donde se enseñaba  acordeón, bandoneón y por supuesto guitarra. Estaba en la calle Independencia  y Acuña. Don  Alberto  formaba pequeños  conjuntos con sus alumnos.

LA CARACTERISTICA

Con actitud comercial y además porque se divertían mucho formaron la característica para tocar música tropical. Allí participaban Morando en batería, Don Carmelo Pepe,  Juan Campeni en violín, Dante Cartasegna acordeón y saxo, Osvaldo Barcia en guitarra eléctrica.

LA BICICLETA

Unos carnavales, en el año cincuenta y ocho,  contrataron a la típica  en el Club Estudiantes y a la característica en  el Club San Martín.
¿Cómo hacia  nuestro recordado Don Alberto para estar en dos partes al mismo tiempo?
Coordinaba las entradas de los músicos. Tocaba en un lado, tomaba su bicicleta y se dirigía  al otro.
El arte   y la ocurrencia.
Cosas de nuestro querido Cañuelas
¡Gracias María Esther!

Anita Pfannkuche

Don José, el enfermero de Máximo Paz

Don José el enfermero de Máximo Paz, mi abuelo.
Nacido en San Sebastián, España, vasco por  línea paterna  había sido en su niñez monaguillo y  ayudante de una parroquia. Sus manitos pequeñas hacían de estribo del padre cura para subir al burro que lo llevaba a visitar feligreses y  repartir bendiciones.
Tal vez esas recorridas por las aldeas  templaron su espíritu y lo hicieron solidario, curioso y también temerario.
En su adolescencia fue  un labrador que soñaba con otras tierras en una España golpeada por el Franquismo, al borde de una guerra civil.
A los veinte, casado  con  Dolores Solla Domínguez y dos hijos pequeños, decide probar aventura en América. Haciéndose pasar por timonel aborda un barco con rumbo a Cuba. Cuando lo pusieron al mando del timón… se ligó flor de paliza por mentiroso. De más está decir que no  lo arrojaron al  mar seguramente  porque era un muchacho simpático y fuerte para otras tareas.
En Cuba, además de  encontrar una novia caribeña, estudió enfermería en la Cruz Roja Internacional, haciendo de su profesión  una verdadera vocación.
Lo que siguió fue un arrebato de amor de Dolores,  que enterada de esta situación por una hermana, decidió cruzar el mar detrás de su hombre.
Cuánto coraje debió juntar  y cuánto amor empujaría  su corazón  para  desarraigarse de sus seres queridos y  abrazada a su hijo mayor, arrinconarse en un barco durante dos meses partiendo su alma en dos.  Esta historia es una historia de amor, con  despedidas  y reencuentros,  con llantos y alegrías,  con perdones increíbles y promesas gastadas en la que vivieron  juntos hasta los noventa años.
Se instalaron en Lanús y  José trabajó de enfermero en distintas salas de primeros auxilios y en el hospital Ramos Mejía. Allí  crecieron sus hijos, Pepe, Manuela, Héctor y Roberto.
A Máximo Paz, casi en los límites con Vicente Casares,   llegaron por los años cincuenta y tantos,  donde José construyó su primera casa, cerca de la estancia La Campana.
Allí  plantaron frutales, cosechaban  verduras y legumbres que repartían a toda la familia. Tenían juventud,  alegría, una bomba sapo y mucho esfuerzo  de pala y arado.
Con el tiempo hubo un molino de viento que cargaba batería para una radio en un  mueble  grande de madera. Sólo se encendía para escuchar a Los Pérez García, el radio teatro de Héctor Bates y al Glostora Tango Club. Ahí  ya se terminaba la batería y el silencio del campo acunaba la noche.  
Tenía un caballo y un pequeño sulky. No hubo jamás  pereza en su vocación para salir a dar  inyecciones, hacer curaciones, acercar alivio. Con cualquier clima y a cualquier hora.
Con el tiempo, se mudaron detrás de la estación de trenes  de Máximo Paz donde levantó su casa, con sus propias manos.
Entre las  memorias que le gustaba contar estaba la de una nena de  cinco años que  había caído sobre brasas y que habían desahuciado. (En esa época no  existía la penicilina, todavía)
Don José, con su  santa paciencia la llevaba al sol, para que se fueran secando las heridas y la curaba amorosamente contándole historias de barcos y  oleajes. Durante  mucho tiempo, todos los días, hasta que se hizo el milagro y pudo salvarle la vida.
Algunos veces, ya al oscurecer, llegaban vecinos varones  del pueblo a buscar alivio a sus enfermedades más oscuras.
En silencio, respetando siempre el pudor  de  sus pacientes, preparaba  su autoclave para la  desinfección, sus ungüentos y  su saber.
Trabajó en la Fábrica EZETA de Carlos Spegazzini  y cosechó  grandes amigos entre los compañeros de trabajo.
De su paso por Cuba (y su amor secreto) guardó para siempre tonaditas y canciones que silbaba entre dientes, mientras trabajaba.
Un hombre bueno, sencillo y sabio. Don José Medrano, el enfermero de Máximo Paz.

 Anita Pfannkuche

7/7/11

LA USINA

LA USINA

UN POCO DE HISTORIA
En la ciudad de Buenos Aires, al menos en el área céntrica, coexistieron durante muchos años las redes de las compañías CADE (Compañía Argentina de Electricidad, ex CHADE: Compañía Hispano Alemana de Electricidad, ex CATE: Compañía Alemana Transatlántica de Electricidad) y CIAE (Compañía Italo Argentina de Electricidad). Esto ocurrió aproximadamente entre los años 30 y los 70.
Ambas empresas tenían redes completamente separadas, que podían alimentarse mutuamente en caso de emergencia y al menos hasta el final de los años 40, se podía elegir el proveedor. Mas adelante la CIAE dejó de aceptar nuevos clientes y posteriormente la CADE se estatizó y se transformó en SEGBA.


EN CAÑUELAS
Más allá de  empresas y negocios, hubo hombres que pusieron su esfuerzo para que nuestra ciudad luciera iluminada, para que el imprescindible servicio eléctrico alimentara al hospital, escuelas, bancos, comercios y domicilios. Estos fueron los  pioneros que  dedicaron  su  tiempo y su trabajo: 
En el área comercial y generación de energía  que estaba en la calle Salta  entre Mosconi y  Kennedy (La gente del pueblo la llamaba: “la Usina”)   trabajaban el  señor Toto Giovanoni  y el Señor Guillermo Botero.
En la sala de máquinas se encontraban el Generador Nº 1 y el Nº 2, que funcionaban alternativamente. Éstos generaban corriente continua hasta el año 1971 que fue cuando se instalaron dos generadores de corriente alterna.
Allí trabajaban Marcelo Belletieri, Sr. Monti, Alfredo Rizzi, Naco Rizzi, También estaban el Sr.  Esteban Bonano, Sr. Peredo, Darío Pérez y Juan José Nicolás Durante  “el sordo”, apodo que recibía por ser hipoacúsico, justamente por el ruido de las máquinas.
En el sector distribución, el Jefe  fue el Sr. Fasano, el capataz: Sr. Tito Peredo.
La cuadrilla salía con un carro  tirado por caballo. Era un carro cuadrado, con techado de lona verde primero y gris oscuro después. Sobresalía la escalera.
Durante cuarenta años fue  Jefe el Sr. Felipe Betelu. Una persona muy atenta, muy buen compañero  y muy apreciada. Padre de Pedro, Héctor, Oscar, Susana, Roberto y María Elena.
En esta etapa,  como guarda reclamos  integraban la brigada el Sr. Juan José Durante y el Sr. Zornobat.
La cuadrilla de mantenimiento estaba compuesta por Aníbal Durante, Humberto Oyharzábal, Fernando Lagarde, Enrique  Taberna, Noel Rizzi, Los hermanos Morgante, Miguel Durante, Alcides Martínez y Alberto Ainciondo.
Los arneses eran de cuero grueso, con grandes hebillas y usaban cascos con protección en la barbilla.
En el año 1973, con la  extensión de redes por  la incorporación de nuevos usuarios, debido al crecimiento de Cañuelas, se incorporaron: Cousiño, Dante Casia, Yaconi, Juan José Durante.
En el año 1978 la empresa se trasladó al predio de Juárez y 25 de mayo. En ese momento el Jefe era el Sr. Julio Unger, que tenía su vivienda dentro del predio en la esquina de Juárez y  9 de julio.
En 1980 se instaló la Subestación Cañuelas, que generó electricidad en todo el partido incluyendo  Udaondo y Uribelarrea hasta el límite con Abbot más  una parte de San Vicente.
En 1991 SEGBA fue privatizada y vendida a EDESUR. Muchos trabajadores se acogieron al retiro voluntario, por lo que muy pocos quedaron de la gestión anterior.
Los servicios son  actualmente atendidos por empresas   contratadas.
El Sindicato de Luz y Fuerza presionó a la empresa e instaló guardias con personal propio las 24 horas.

EL APODO
Algunas personas aún siguen llamando a la empresa “La usina”.

LA CONFIANZA Y LA PALABRA EMPEÑADA:
Cuando se compró la Casa para el departamento de Aplicación, dos personas pusieron su firma y su compromiso: Don  Salomón  Odeski  y Don Felipe Betelu. Hasta saldar la cuenta y que la escritura saliera a  nombre de la cooperadora.

CURIOSIDADES:
Para la mudanza de la caja fuerte (de hierro y revestida en madera) fue necesario contratar una grúa. (Todo un acontecimiento para la época)
Mientras la empresa estuvo ubicada en la calle Salta, no había comedor. Como los  horarios eran corridos el personal llevaba su vianda al trabajo. Otras veces, era costumbre que  la familia se las acercara.
En un principio las escaleras para alcanzar  los cables eran de madera y extensibles, ahora son de fibra, con trepadores y cinturón de seguridad.
En el año2001 se quemó el transformador de 40 Megavolt y la ciudad quedo dos días sin luz.
El último jubilado de SEGBA fue Juan José Durante, conocido  y querido como “Pichón Durante”.
Los días de lluvia se usaban unas enormes capas negras con dos hendiduras por donde se sacaban los brazos.
Los cables eran forrados en tela, con cobre grueso en su interior. Los capacitores y los portalámparas eran de cerámica. En las esquinas bailaban las lámparas  como platos verdes.
La primera iluminación a mercurio fue desde la Ruta 205 hasta la calle 9 de julio. La hizo conectar para los corsos del Sargento Cabral el Sr.  Antonio Barboni.

UNA HUELGA
En el año 1976 el personal realizó una huelga por motivos salariales, que se llamó “de brazos caídos”. La misma no afectó el suministro, pero el personal no salió a trabajar a la calle. Todo el tiempo estuvieron custodiados por el Ejército.

OSCAR SMITH. Sindicato de Luz y Fuerza
Fue un dirigente que trabajó mucho por sus afiliados, y muy apreciado por ellos.
El 11 de febrero salió de su casa con su automóvil. Tomó por avenida Mitre y luego giró por la calle Debenedetti hacia el Riachuelo. Allí fue encerrado por otros autos. Un grupo de civiles se lo llevó en un Falcón blanco.

¿LO SABÍA?
Nos cuenta Pichón que su abuelo, Don Nicolás, señalaba como ubicación de  la  primera usina (que funcionaba a carbón y generaba corriente continua) a  una casa que estaba ubicada  entre la Verdulería Mely y la pizzería Punto y Banca, sobre la calle Libertad.


Anita Pfannkuche
María Emilia Floriani

4/6/11

CHULETA Y CHUPAME LA CAMISETA


Los años setenta y la vocación de hacer cosas por el prójimo.

Mientras  llegaba  la nueva ola de la música  con  Jhonny Tedesco, Palito Ortega, Joly Land,  Nicky Jones, Violeta Rivas, Chico Novarro, Lalo Fransen como la moda del momento, en Cañuelas  los Náufragos comenzaban sus ensayos en la casa que estaba al lado de la estación de servicio de la calle Del Carmen, con puerta amarilla y una ventana chiquita con persiana de madera, donde los seguidores se apoyaban para oír los ensayos.
Estamos hablando del fin de la década del 60  y los inicios  de los  70. La juventud, bastante presionada por la política de ese momento, trataba de hacer sus primeros pasos organizándose en  distintas actividades a fin de trascender en su ciudad, ya sea artísticamente, a nivel político o en organizaciones de ayuda al semejante. Así, distintos grupos encaminaban sus ideales, su altruismo, sus sueños junto con el despertar del resto del mundo, donde explotaba la fuerza de una nueva filosofía,  la de  hacer cosas  diferentes, ser rebelde, ser creativo.
Se formó Interact y una actividad  que luego se hizo clásica  fue el recorrer todo Cañuelas para juntar juguetes que se repartían en el día del niño.
Almendra, Manal y Los Gatos.: Vox Dei, Arco Iris, Pedro y Pablo, La barra de Chocolate, Pappo’s Blues, Charly García y Nito Mestre, acompañaban la fuerza de los pibes de esa época a través de las canciones  de protesta, la revolución desde la música.
Los más chiquitos, los que crecían en ese empuje también estrenaban  novedades. Comenzaban en la tele  los primeros  programas infantiles. La novedad: definitivamente se terminaba el cancionero de las abuelas. Y Mambrú se fue a la guerra,  tengo una muñeca vestida de azul, el arroz con leche y la paloma blanca pasaban al olvido.
Los niños  se estacionaban frente al televisor y aprendían de la mano de los payasos  Gaby  Fofó y Miliki: La Gallina Turuleca, Había una vez un Circo,
Hola Don Pepito y Susanita con su ratón.
Dos amigos se juntaron, Esteban y Tito. Crearon  un grupo que hacía divertir a los chiquitos y a los grandes. Convocados por el cura párroco para una fiesta en la puerta de la parroquia, seguramente para el día del niño, revolvieron sacos viejos, pegaron parches, ensayaron divirtiéndose  ellos mismos como chicos y estrenaron: Chuleta y Chupame la Camiseta.
Cantaban las  canciones preferidas de los pequeños, la de Julieta Magaña,  la favorita, “La batalla del movimiento”; de Pipo Pescador: El auto de papá
Estos hombres, jóvenes entonces,  recorrieron muchos rincones de nuestro partido  llevando un grabador, dos parlantes, una bolsa con pinturas y disfraces y lo principal, la gran alegría de hacer felices a los chiquitos.
No  había micrófonos al principio. Los gags, el show, todo  era a viva voz. Las actuaciones, siempre gratuitas frecuentaban a Uribelarrea, Santa Rosa, Udaondo, Mercedes Benz, Tristán Suárez, Club Juventud… entre las más recordadas.
Con el tiempo mejoraron sus trajes, y apareció la primera ayudante: la Negra Dominga. Este personaje del tamaño de una persona, muy bien maquillada, con peluca y vestida de colores brillantes, tenía sus piernas rellenas de lana,  las que se ataban a los cordones de las zapatillas de Esteban. Entonces la dupla bailaba hasta quedar exhaustos. ¿La música? Las canciones  de los Parchís,  Comando G, Rafaela Carrá.
Se incorporó  Betty Barcia en la época que realizaron  una actuación en el Circo Veracruz. Raulito y los hermanos Cicardi, que bailaban folklore.
Se hizo un show con la conducción de Zuly Moreno en el Club San Martín. El Negro hacía magia, Daniel Girotti  completó el grupo.
Entre las mil y una  historias que  quedaron   entre tantas risas y  sonrisas agradecidas,   recordamos   la  de un casamiento en el campo que terminó a los tiros y hubo que guardar todo  muy rápidamente y a través del pasto y de noche,  correr con bolsos, maquillaje, jaulitas, canarios, conejos  y los hijos de los artistas para ponerse a salvo del tiroteo.
El mago, en una fiesta de casamiento pidió el anillo de la nueva pareja. Lo hizo desaparecer y (parte del show) lo cortó con una tenaza. El susto de la novia y su desesperación al creer que era verdad, casi termina con el artista.
Otra historia  es la del oso luchador Bongo, en el Circo Veracruz, donde a Esteban lo metieron en la jaula y el domador, le “soltó la soga al oso”. Una memorable actuación en Buenos Aires en  el barrio de Flores y siempre, siempre, en el corazón de todos, los besos de agradecimiento de los más chiquitos en las caras  fatigadas de los payasos Chuleta y Chupame la camiseta.








24/5/11

NUESTRO GRUPO CAÑUELENSE: CENIZAS


ASÍ COMIENZA UNA BANDA DE MÚSICA.

 


Si el fuego atrae a los amigos y los convoca a reunirse  la música reúne,  influye y acerca a la gente con los mismos gustos, con vivencias parecidas, con ideales similares.
El sueño, precisamente,  de armar una banda, un grupo musical,  es uno de esos ideales. Dos o más conocidos se juntan y descubren con placer que pueden  tocar varios instrumentos y a través de ellos producir música que emocione, conmueva, deleite a quienes la oyen.
Primero se empieza  como una fiesta propia. Para los allegados, la familia y  las reuniones. Después,  a beneficio colaborando en todas las  organizaciones que confíen en  el grupo. Finalmente un día se dan cuenta que artísticamente son valiosos. Que tienen muchos seguidores, que crean, que generan alegría y   ritmo no sólo en el grupo, sino hacia fuera.
Entonces, la banda comienza su etapa profesional.

EL COMIENZO

Cenizas se formó en 1984. Desde aquel momento y hasta el día de hoy, pasaron muchos integrantes, y muchos fueron quedando en el camino por distintos motivos que el destino les deparó. En total (contando los integrantes actuales) fueron 25 personas.
El perdurar no es sólo  por el arte en sí mismo. Hay que valorar  el tiempo de los ensayos, el costo de los equipos, el traslado, las cosas que se rompen y hay que reponer…
También  hay que tener en cuenta los gastos de movilidad y (cuantas veces) dejar la familia, el trabajo y el descanso  de lado para cumplir  con responsabilidad los compromisos.
A medida que alguien se retiraba, se incorporaba otro integrante. De esta manera,  el grupo fue perdurando en el tiempo.
Siempre se trabajó con vocación y amor para perfeccionar la  música. Siempre se  esforzaron en  mantener y actualizar la calidad del instrumental y equipamiento.
Eso hace que la gente, el público,  los reconozca y los siga.
El aplauso es el mejor motor que tiene la banda. Independientemente  de ser un hobbie para  cada uno de ellos, desde que comenzaron a tocar son conscientes  que el público  merece respeto cuando va a presenciar un show o espectáculo. Más allá de que sea a beneficio  o  pagando su entrada.  

LAS BODAS DE PLATA

Hace dos años realizaron  una gran fiesta  con motivo de cumplir 25 años. En esa oportunidad quedo muchísima gente afuera al resultar chico el lugar (Centro de Jubilados).
Fue un espectáculo armado con un  escenario de tres niveles, sonido profesional,  luces de escena y en pista de baile, gigantografía con la foto que hizo las veces de marquesina durante un mes, fuegos artificiales de salón, doble vestimenta durante el show, pantalla gigante, etc.

Nos cuenta Diego Tellechea: “para nosotros fue algo de no creer... las personas formaban fila desde las 7:30 de la tarde para asistir a este evento que estaba programado para las 21 y 30 hs.”
“Recuerdo que mientras hacíamos la previa en la confitería  Scilla, recibimos el llamado de nuestro personal de seguridad contratado diciéndonos que tenía que suspender el ingreso de la gente porque se desbordaba. Fue increíble! Hasta el día de hoy lamentamos que mucha gente quedó afuera.”

LA TRADICIÓN DE AÑO NUEVO

Y  continúa Diego: “Tenemos, también, una tradición que es la de hacer el baile de fin de año. Lo realizamos todos los 31 de diciembre desde el año 2000, cuando en un ensayo se nos ocurrió hacer algo así sólo para los vecinos y algún familiar nuestro.
A medida que el tiempo pasó, el público fue creciendo hasta el punto de tener que instalar baños químicos (gracias a la colaboración de la Municipalidad) cada vez que hacemos esta fiesta.
Jamás se nos ocurrió lucrar con esto, tal es así que la entrada es libre y gratuita y además no hay cantina.
Lo hacemos sólo para recibir el nuevo año con ganas y nada más.
El año pasado se sumaron muchos medios locales para difundir esto e incluso estuvieron divirtiéndose bailando con nosotros.”

Casi siempre crear es transgredir. El acto creador es dar vuelta un orden,  es reacomodar  lo  establecido. Esto se ha logrado, tal vez sin darse cuenta,  al incorporar distintas personas al grupo. Principalmente la juventud  al lado de la experiencia.
Diego Tellechea y Javier Méndez (bajista y cantante del grupo respectivamente) que comenzaron integrando el grupo a fines de la década del 80, comparten hoy el escenario con sus hijos Brian Tellechea  y Matías Méndez

UNA ANÉCDOTA, ENTRE TANTAS….

Nos relata Diego, con emoción: “En el transcurso de todos estos años hubieron miles de historias y anécdotas; pero la que más nos impactó, fue en Uribelarrea: fuimos contratados para tocar en un cumpleaños de 15. Mientras armábamos el sonido se acercó el padre de la cumpleañera y nos contó que él conoció a su esposa bailando con Cenizas.
¡Fue muy loco pensar que estaríamos tocando para una niña que era el fruto del amor de dos personas que se conocieron en aquellos bailes que organizaba Cenizas hace veinte años!


CENIZAS 2011

En mayo de 2011 el grupo cumple 27 años de existencia. Hoy son siete los integrantes más un asistente.
Ellos son: Javier Méndez, Atilio Ponce, Diego Tellechea, Sergio Da Cruz, Matías Méndez, Brian Tellechea, Diego Da Cruz, Edgardo Crespo.
Muchas otras bandas se formarán y crecerán en nuestro querido Cañuelas. Muchos  chicos ya están  tocando con verdadero entusiasmo. Pero una de las primeras  y con gran trayectoria  sin dudas,  es el Grupo Cenizas. A ellos, nuestro recuerdo y  felicitaciones.



EL DATO:

Pueden buscarlos  en Facebook
Allí encontrarán la información de donde tocan, hay  fotos, videos, y puede ser el medio de contacto para aquellos que deseen contratar al grupo.


Anita Pfannkuche
María Emilia Floriani

9/5/11

BABY FUTBOL EN CAÑUELAS (Cosa de Hombres) Segunda parte.

BABY FUTBOL EN CAÑUELAS: COSA DE HOMBRES...

(Segunda a parte)

El partido de Baby futbol se jugaba  según el reglamento,  en dos tiempos de 20 minutos cada uno, con un  intermedio de cinco minutos. Si había tiempo perdido por interrupción del partido, el árbitro era quien disponía la prolongación del mismo hasta completar  el tiempo.
Las hinchadas de los equipos aclamaban a uno y  a otro  con gritos de aliento y  a veces, por supuesto, silbatinas para los contrarios.
Los muchachos representaba a distintas casas comerciales como: Carnicería Buzzurro, Zapatería La Capital, Bombonería La Favorita, Taller de chapa  y pintura Spagnol, entre muchísimos otros.
Según nos cuentan, la luz a mercurio, que iluminó  “como de día” la cancha  fueron las parrillas del Club Independiente, que  consiguió el Sr. Tito Garavaglia, socio de la institución,  el cual era  hincha del club  y que además tenía la peña de los diablos rojos en su casa.
Se tomaba agua (y  se refrescaban la cara algunos más que sofocados) de una canilla sobre un gran  piletón y también de otra que bajaba del gran tanque de agua del viejo molino, pintado a rombos con los colores blanco y rojo del Club Cañuelas.
Un capítulo aparte para la casona frente a la calle Del Carmen.
De un lado,  vestuarios y duchas para los jugadores, separados los visitantes  de los locales, apenas por un pasillo. También  un cuarto para el lugar donde  se  reunían los referís. (Y refugio, a veces contra algún hincha excedido en fervor)
Hacia el frente,  había una vivienda  donde  se encontraba a los caseros y encargados de la cancha grande, canchas de tenis y de baby: los queridísimos Mario y Elsa.
Ya que viene al caso, y de lugares hablamos, podemos mencionar que había una piecita donde se guardaban las sillas del tenis y  las redes. ¿Los pioneros del tenis? El Sr. Oscar Galli, El Sr. Garrahan, Sr. Agnelli.
En otro sector, celosamente guardadas, las redes de los arcos, el botiquín, infladores, aceite verde,  pelotas, botines y los equipos. Las camisetas de las distintas divisiones, medias, pantalones…
También  se veían a veces,  las camisetas  del baby  flamear  en las sogas  secándose al sol, invitando son su sola presencia  a disfrutar de una noche de pujas y  cantos con  el equipo favorito.
Cada partido  estaba compuesto por dos equipos de  cinco jugadores  incluido el arquero. Se podían realizar cambios, siempre y cuando el referí fuera debidamente avisado y otorgara el permiso.
Era sumamente importante  no ser echado de la cancha, ya que el partido se jugaba  hasta con tres participantes  por equipo. Si  eran menos,  se daba por finalizado y los puntos se los llevaba quien tuviera  la cantidad reglamentaria  de jugadores aunque fuera perdiendo.
Con camiseta amarilla con letras negras que decían: Ganave Cañuelas,  la dirección técnica de Diego Villalba  debutó en el año 1981 el equipo formado por:   “El Negro” del Valle, “Diente” Sosa, “Titi” Parodi, “Beto” Peralta, “Bulldog” López,  “Loco” Etchebehere, “Pino” Capistrano, “Coco” Maestú, “Pato”  Casey  y  “Conejo” De Armas.
Entre otros muchos equipos recordamos al que representaba a zapatería La Capital, que fue campeón durante los años 1961,1962 y 1963. En la foto vemos a Penacho García, como  arquero suplente, Plus Morgante como  titular, Boacaratto, Vasco Suardía, Perrota, Toro Estavillo y Negro Estavillo, acompañados por  Don Jorge Etcheguía.




RECUADRO Y FOTO
Y no sólo de hombres….
A veces, los colores de un Club se llevan en la sangre. A veces se vive por esos colores. Otras veces, como el caso de Elsa y Mario, vivieron dentro del Club. Allí crecieron los hijos, y en sus juegos compartían  el trabajo de los padres. Cuántas veces Mini juntaba las pelotas de la cancha después de una práctica, cuantas veces echaba sal en el piso de  ladrillo de la canchita de  tenis, o pintaban con cal….
O embolsaban con Graciela las pilas de papel picado (que llenaban un acoplado  y se volcaban en la piecita del frente, hasta el techo) jugando y preparando los paquetes para el carnaval del Club…
Cuantas veces Elsa curó rodillas raspadas, ojos en compota, calmó a un niño lloroso, preparó un tecito para un descompuesto y aconsejó a más de un grande que sufría por los puntos perdidos del equipo.




Cuántas veces Mario además de dejar la cancha como un billar hacía de referí, de línea, de aguatero, ayudaba en la cantina…



Anita Pfannkuche
María Emilia Floriani